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Cuidar del mundo: de Montreal al futuro del CIRIEC

Marc Picard

Presidente del CIRIEC-Internacional y del CIRIEC-Canadá, y director general de la Caisse d’économie solidaire Desjardins

 

Unos días después del 35.º Congreso Internacional del CIRIEC en Montreal, lo que más recuerdo son las personas, los intercambios y la extraordinaria diversidad de conocimientos y experiencias compartidos.

Éramos más de 330 participantes procedentes de 29 países, con más de 70 ponentes. Más allá de las cifras, me impresionó la diversidad de las personas reunidas: investigadores, directivos de empresas públicas y de la economía social, responsables del sector financiero, representantes sindicales y responsables de la toma de decisiones públicas.

Esta pluralidad es una de las principales fortalezas del CIRIEC. El tema elegido, «Cuidar del mundo: la contribución esencial de la economía social y las empresas públicas», podía parecer utópico. En Montreal se convirtió en algo muy concreto: no cabe duda de que ya estamos actuando.

Cuidar del mundo significa hablar del clima y de la transición ecológica, pero también de las personas y de sus entornos de vida. Así, el congreso abordó la vivienda, las desigualdades, la democracia, la financiación, el trabajo, la cultura, las infraestructuras públicas y la inteligencia artificial.

Esta variedad de temas nos recordó que las grandes transformaciones están interrelacionadas. Nos permitió medir la magnitud de los retos, pero también el dinamismo y la esperanza que animan a nuestra comunidad de valores.

Cuando se cruzan las miradas

Varias intervenciones pusieron de manifiesto la riqueza de la «fórmula CIRIEC».

Julia Cagé, profesora de Economía en Sciences Po, relacionó con gran acierto la economía, los medios de comunicación, las desigualdades y el funcionamiento democrático. Mostró hasta qué punto la calidad de la información y la vitalidad democrática son inseparables.

Jérôme Dupras, científico jefe de Quebec y especialista en economía ecológica, mostró cómo la investigación puede arrojar luz sobre las grandes decisiones colectivas. Su trayectoria, que combina ciencia y creación artística, ilustra también la riqueza de los enfoques cruzados.

Jimmy Jean, economista jefe y estratega del Movimiento Desjardins, presentó un análisis en profundidad de la coyuntura económica. Su intervención propició un diálogo enriquecedor entre diferentes marcos de análisis y recordó la importancia de escuchar distintas perspectivas científicas.

Las mesas redondas prolongaron estos intercambios en torno a la gobernanza democrática, la participación ciudadana, el papel de las empresas públicas, las políticas de economía social, la vivienda y los entornos de vida.

Demostramos conjuntamente que el valor del CIRIEC reside tanto en los vínculos que creamos como en los conocimientos que producimos y compartimos.

Una alianza esencial entre investigadores y profesionales

Necesitamos una alianza sólida entre la investigación y la práctica, en un mundo en el que la desinformación ocupa un lugar cada vez más destacado.

El congreso se diseñó en torno a diálogos entre la economía pública y la economía social, el mundo académico y los profesionales, así como las experiencias de Quebec y las internacionales. Quebec ofrece un terreno propicio para este encuentro. Su historia económica se sustenta en sólidas instituciones colectivas: cooperativas, mutualidades, sindicatos, empresas de economía social, sociedades estatales, fondos de trabajadores e instituciones financieras cooperativas.

Nuestro reto consiste en conectar mejor esta experiencia con la investigación universitaria. La vivienda es un buen ejemplo: implica tanto a investigadores como a municipios, gobiernos, promotores comunitarios, cooperativas e instituciones financieras.

Lo mismo sucede con la financiación solidaria y sostenible: los investigadores documentan los modelos y sus efectos; los profesionales ponen de manifiesto las limitaciones que determinan la viabilidad concreta de los proyectos.

Lo que el congreso de Montreal me inspira para el CIRIEC-Internacional

Asumo la presidencia del CIRIEC-Internacional con humildad y con una convicción reforzada: el CIRIEC debe preservar el rigor científico como núcleo de su identidad y, al mismo tiempo, afirmar con mayor fuerza su papel como punto de encuentro entre el conocimiento y la acción.

Su capacidad para conectar experiencias es muy valiosa. Una solución desarrollada en Montreal puede interesar a Barcelona, Bogotá o Bruselas; una política europea puede suscitar el interés de Quebec; una innovación cooperativa latinoamericana puede renovar nuestras formas de hacer las cosas.

Durante mi presidencia, deseo favorecer una mayor circulación de conocimientos entre países, acercar a investigadores y profesionales y convertir los trabajos del CIRIEC en palancas de acción e influencia.

El compromiso de la Caisse con esta dinámica

Esta ambición explica el compromiso de la Caisse d’économie solidaire Desjardins con el CIRIEC. Lejos de ser algo ajeno a nuestro trabajo cotidiano, este compromiso prolonga nuestra misión.

Desde hace mucho tiempo, la Caisse financia organizaciones colectivas y empresas de economía social. Una pregunta concreta guía nuestra labor diaria: ¿cómo podemos financiar de otra manera para hacer posible otra forma de emprender?

Una institución financiera especializada en economía social no puede limitarse a financiar transacciones. Debe contribuir al ecosistema, al conocimiento y a la innovación que hacen posibles los proyectos y permiten que sean sostenibles.

Participar en el CIRIEC significa, por tanto, contribuir, aprender y crear vínculos: compartir nuestra experiencia en la financiación de la economía social de Quebec, descubrir las iniciativas desarrolladas en otros lugares y acercar a quienes reflexionan sobre las transformaciones a quienes las llevan a cabo.

El verdadero día después de Montreal

El congreso transmite un mensaje claro: somos muchas las personas que defendemos una visión transformadora del mundo. Pero no constituye un fin en sí mismo. El trabajo empieza ahora: ¿qué vamos a hacer con todos estos encuentros?

¿Qué colaboraciones surgirán? ¿Qué investigaciones se nutrirán de las preocupaciones de los profesionales? ¿Qué experiencias circularán entre los países? ¿Y qué ideas influirán mañana en una política pública, una empresa o una comunidad?

En mi discurso de bienvenida lo expresé de forma sencilla: una conversación puede dar lugar a una idea; esa idea puede inspirar una investigación; esa investigación puede conducir a una innovación, y esa innovación puede mejorar la vida de nuestras comunidades. Después del congreso, lo creo más que nunca.

Mi propósito es preservar la solidez de nuestras raíces científicas y, al mismo tiempo, multiplicar los espacios en los que el conocimiento se encuentra con la experiencia, Quebec con el mundo y las ideas con la acción. También deseo que los jóvenes participen plenamente en esta dinámica.

Hace tres años, el presidente del Movimiento Desjardins impulsó una amplia consulta entre la juventud de Quebec sobre su visión del futuro. Los resultados de esta iniciativa nos sorprendieron gratamente a todos. Los jóvenes participantes destacaron la cooperación como una forma innovadora de emprender y como una vía que debe priorizarse en la lucha contra el cambio climático. Vi en ello una confirmación de la pertinencia del trabajo que estamos llevando a cabo. El emprendimiento colectivo no es algo nuevo, pero sigue siendo un modelo innovador que inspira a las nuevas generaciones. Nos corresponde aprovechar esta oportunidad y dar cabida a esas nuevas generaciones en nuestros intercambios y trabajos.

Cuidar del mundo no consiste únicamente en comprenderlo mejor. También significa actuar para transformarlo de acuerdo con nuestros valor

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