Social Economy Europe (SEE) ha publicado una misiva en la que traslada sus prioridades y objetivos para la Economía Social en este 2026, así como los grandes desafíos del sector en Europa. En un contexto de “graves amenazas económicas y militares por parte de otras superpotencias por vez primera en más de 80 años”, tal y como advierte el comunicado, “la UE ha redefinido sus prioridades, centradas principalmente en la defensa y la competitividad, pero dejando en segundo plano la justicia social y la sostenibilidad”.
En este contexto, la UE ha optado también por reforzar sectores estratégicos tradicionales y reducir el gasto social, una decisión que, a juicio de SEE, supone afrontar los problemas actuales con las mismas recetas que contribuyeron a generarlos.
Según el manifiesto, la Comisión Europea ha priorizado hasta ahora un modelo económico orientado a la exportación, con especial atención a industrias como la automovilística, que cuenta con un elevado volumen de negocio y millones de empleos, pero que también presenta altos niveles de contaminación y riesgo de deslocalización. Frente a ello, la economía social —que genera un volumen económico similar y emplea directamente a más de 11 millones de personas en la UE— recibe un apoyo decreciente, pese a su demostrada contribución al valor social añadido.
Para SEE existen soluciones concretas e innovadoras para hacer un cambio positivo en Europa en 2026, en un momento en que la UE necesita en efecto ser “más competitiva a escala mundial al tiempo que garantizar su autonomía industrial”.
El documento pone el foco en sectores estratégicos como la vivienda, la energía, la salud, los cuidados, la alimentación sostenible, la economía circular o el espacio digital europeo, donde la economía social contribuye a mantener precios asequibles y a garantizar servicios esenciales para sociedades cohesionadas. En este sentido, recuerda las palabras de Enrico Letta, autor del informe sobre el futuro del mercado único encargado por el Consejo Europeo, quien defiende que el mercado único es “algo más que un mercado” y debe integrar de forma explícita la inclusión y la cohesión.
Apuesta decidida por las transiciones verde y digital
La transición verde y digital ocupa también un lugar central en el documento. Social Economy Europe alerta de la elevada dependencia de la UE respecto a Estados Unidos y China en materias primas, infraestructuras digitales y software, y aboga por un modelo digital europeo propio, basado en la soberanía de las personas sobre sus datos, una redistribución justa de la riqueza generada y un diseño democrático orientado al bien común. Todo ello, señalan, es clave no solo para la innovación y la productividad, sino también para la salud mental colectiva, la equidad económica y la calidad democrática.
En cuanto a la transición ecológica, el manifiesto insiste en que no debe concebirse únicamente como una obligación ambiental, sino como un auténtico motor económico. La apuesta global por las energías renovables demuestra, a su juicio, que el desarrollo sostenible es ya una necesidad ineludible para gobiernos y empresas, y que la UE debe situarse a la vanguardia antes de que sea demasiado tarde.
La defensa, principal desafío
El texto aborda asimismo el debate sobre la defensa europea. Ante un escenario “en el que Estados Unidos deja de ser un aliado fiable”, la UE necesita reforzar su capacidad de disuasión, no solo mediante inversión militar, sino también frente a ciberataques y campañas de desinformación. No obstante, el manifiesto advierte de que la defensa europea debe entenderse también como la protección de los valores recogidos en el artículo 2 del Tratado de la UE: dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y derechos humanos. Por ello, reclama que cada euro destinado a defensa militar vaya acompañado de una inversión equivalente en gasto social y en el fortalecimiento de la sociedad civil.
De cara al futuro inmediato, el documento identifica 2026 como un año clave, marcado por las negociaciones del Marco Financiero Plurianual 2028-2034. Con un presupuesto europeo limitado y unas necesidades crecientes, Social Economy Europe advierte que estas negociaciones serán decisivas para el éxito o el fracaso del proyecto europeo. Al mismo tiempo, plantea que los presupuestos nacionales, más flexibles, deberían contribuir a reducir las crecientes desigualdades, evitando que las políticas de austeridad recaigan, una vez más, sobre las personas más vulnerables.
Social Economy Europe reafirma su compromiso de seguir defendiendo políticas, financiación e inversiones sociales y medioambientales ambiciosas. El manifiesto concluye con un mensaje de esperanza: un modelo económico positivo, al servicio de las personas, del planeta y de la democracia, ya existe. Solo necesita un marco político justo y un apoyo decidido para prosperar. De cara a 2026, la organización llama a todos los actores afines a unir fuerzas para construir la economía que Europa necesita.





