por Luca Jahier, ponente del Dictamen del CESE sobre el Marco Financiero Plurianual (MFP) de la UE para 2028-2034
y presidente del CESE entre 2018 y 2020
El debate sobre el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) de la UE para 2028-2034 ha comenzado en un momento decisivo para Europa. Frente a la inestabilidad geopolítica, la transición ecológica, la fragmentación social y el aumento de las disparidades territoriales, la Unión Europea debe dotarse de un presupuesto capaz no solo de responder a las crisis, sino de configurar un futuro sostenible e inclusivo. El reciente dictamen adoptado el pasado 22 de enero por el Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre el próximo MFP representa una contribución significativa a este debate y la primera posición oficial de todas las instituciones de la UE, al reclamar mayor ambición, una reforma estructural y también un reconocimiento más firme de la economía social como actor clave en el desarrollo de Europa.
Un presupuesto de la UE más ambicioso y coherente
En su dictamen, el CESE destaca una contradicción fundamental: se espera que la UE cumpla prioridades políticas cada vez más complejas —desde la defensa y la competitividad hasta la neutralidad climática y la cohesión social—, y sin embargo sus recursos financieros siguen siendo limitados y fragmentados. Por ello, el Comité pide un MFP más ambicioso, capaz de alinear los objetivos estratégicos de la Unión con medios financieros adecuados.
Esto implica no solo aumentar el tamaño global del presupuesto de la UE, sino también recurrir a nuevos instrumentos específicos de deuda común para financiar bienes públicos estratégicos europeos, así como reforzar sus recursos propios. Sin estos elementos, la Unión corre el riesgo de quedar atrapada en un ciclo de ambición limitada y de elaboración de políticas reactivas. El CESE aboga por una reforma del sistema de recursos propios, incluyendo nuevas fuentes vinculadas a las transiciones ecológica y digital, con el fin de garantizar mayor autonomía y previsibilidad financiera.
Al mismo tiempo, el Comité subraya la necesidad de coherencia y transparencia. La experiencia de los últimos años —en particular con la creación de grandes instrumentos ad hoc como NextGenerationEU— ha demostrado la capacidad de innovación de la UE, pero también ha revelado los riesgos de una complejidad y fragmentación excesivas. Por ello, el CESE pide una revisión estructural de la actual arquitectura del «megafondo» (la denominada Rúbrica 1), para garantizar que los futuros instrumentos financieros estén mejor integrados en el marco del MFP, sean más accesibles y estén más alineados con los objetivos políticos a largo plazo.
Preservar la cohesión y las políticas tradicionales
Si bien aboga por la reforma, el CESE defiende firmemente la continuidad y centralidad de la política de cohesión y de la Política Agrícola Común (PAC) en el próximo MFP. Estas políticas han desempeñado un papel crucial en la reducción de las disparidades regionales, el apoyo a las comunidades rurales y el fortalecimiento del tejido social y territorial de la Unión. Su preservación y una financiación adecuada son esenciales para mantener la confianza de la ciudadanía y garantizar que las transiciones verde y digital no dejen atrás a territorios o comunidades.
El Fondo Social Europeo Plus (FSE+) también debe preservarse como piedra angular del futuro presupuesto. Como principal instrumento de la UE para invertir en las personas —a través del empleo, las competencias, la inclusión social y la reducción de la pobreza—, el FSE+ ha demostrado ser indispensable para promover la cohesión social y la resiliencia. El CESE subraya que reforzar el FSE+ no es solo un imperativo social, sino también económico, ya que la competitividad de Europa depende cada vez más del capital humano, el empleo de calidad y un crecimiento inclusivo.
Reconocer el papel estratégico de la economía social
En este marco más amplio, el CESE sigue poniendo especial énfasis en el papel de la economía social. Las cooperativas, mutualidades, asociaciones, fundaciones y empresas sociales constituyen un componente vital del modelo económico y social europeo. Generan empleo, fomentan la innovación, fortalecen las comunidades locales y prestan servicios esenciales, a menudo en ámbitos donde los actores tradicionales del mercado están ausentes.
Durante el último año, la economía social europea y el cooperativismo han reclamado un reconocimiento más sólido en el próximo MFP. El CESE se alinea con estas demandas, subrayando que la economía social no debe tratarse como un sector marginal o residual, sino como un socio estratégico para alcanzar los objetivos de la UE. Desde la transición verde hasta la inclusión digital, desde la innovación social hasta la cohesión territorial, los actores de la economía social están en una posición única para ofrecer soluciones que combinan eficiencia económica con valor social.
Para aprovechar plenamente este potencial, el próximo MFP debe garantizar líneas de financiación específicas y accesibles para la economía social. Esto incluye mantener y reforzar programas como el FSE+, InvestEU y los fondos de cohesión, así como mejorar las sinergias entre ellos. Procedimientos simplificados, instrumentos financieros adaptados y medidas de fortalecimiento de capacidades son esenciales para permitir que las organizaciones de la economía social —a menudo más pequeñas y con fuerte arraigo local— accedan eficazmente a la financiación de la UE. Pero, sin duda, dado que se espera que la estructura general del próximo MFP cambie radicalmente, siguiendo un esquema de planes nacionales negociados y una lógica de presupuesto basado en el rendimiento, la economía social también deberá prepararse para desenvolverse en esta nueva etapa.
Hacia un MFP participativo y basado en valores
Más allá de las asignaciones financieras, el CESE pide un enfoque más participativo en el diseño y la implementación del próximo MFP. Las organizaciones de la sociedad civil, incluidos los actores de la economía social, deben participar no solo como beneficiarios, sino también como socios en la definición de prioridades y en el seguimiento de los resultados. Esta participación refuerza la legitimidad democrática, mejora la eficacia de las políticas y garantiza que la financiación de la UE responda a las necesidades reales sobre el terreno.
Este enfoque es especialmente importante en un contexto en el que la UE busca reafirmar sus fundamentos sociales y democráticos. La economía social encarna valores —solidaridad, participación, sostenibilidad e inclusión— que están en el corazón del proyecto europeo. Integrar estos valores de manera más sistemática en el presupuesto de la UE puede ayudar a cerrar la brecha entre las instituciones europeas y la ciudadanía, demostrando los beneficios tangibles de la cooperación europea.
De la ambición a la implementación
El dictamen del CESE sobre el MFP 2028-2034 transmite un mensaje claro: Europa necesita un presupuesto que esté a la altura de sus ambiciones y refleje sus valores. Esto significa aumentar los recursos financieros, simplificar las estructuras, preservar las políticas de cohesión y situar a la economía social en el centro de la estrategia de desarrollo de Europa.
A medida que las negociaciones sobre el próximo MFP cobran impulso, el desafío será traducir estos principios en decisiones concretas. Los actores de la economía social deben participar activamente en estas complejas negociaciones entre los colegisladores, como motor de innovación, resiliencia y cohesión.
En este sentido, el próximo MFP es más que un marco financiero; es una elección política y social. Al asumir las recomendaciones del CESE y las aspiraciones de la economía social europea, la UE puede aprovechar esta oportunidad para reafirmar su compromiso con un modelo de desarrollo que sitúa a las personas, las comunidades y la solidaridad en el centro.





